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Published 20 abril, 2016

El Sexo de las Salamandras

Por: César Jaramillo – Guionista – Productor.

Debajo de las grandes ideas, de las verdades universales, de la política y de la información, existe otro mundo, uno de animales humanos que se retuercen y se frotan como salamandras, unos contra otros, en busca de algo que no se puede nombrar, de un monstruo gigante hecho de vergas, vaginas, labios, piernas, lenguas y tetas que se traga todo lo que se le acerca o le mete mano.

El sexo de las salamandras es una novela que habla con plena normalidad de lo que para la mayoría de la gente es anormal, excéntrico, inaceptable. Aunque es cierto que el mundo de la prostitución está lleno de tristezas, de biografías trágicas y anónimas, también lo es que en él es donde se manifiesta nítidamente la terrible, atractiva y poderosa fuerza del placer encarnada en la voluptuosidad, en el exceso y en el descontrol que compra el dinero que, después de recorrer el mundo, va a parar al Cicatriz Club.

En la Bucaramanga de la novela, los ladrillos, el zinc y el asfalto son lentamente devorados por la vitalidad que se enreda en el material inerte como el tatuaje de Aura María se enreda en su pierna. Cada insecto, cada fluido corporal, todo lo que suda, lo que está vivo, lo que se entrega al placer como quien le ora a una divinidad, es una parte del mundo borracho y excitado que late, tiembla y se retuerce debajo de la aburrida e insignificante lógica de la sobriedad.

La fiesta es una cosa seria. La vida nocturna es otra vida. Mientras la economía y los problemas supuestamente importantes no son resueltos por la gente que los impone, en el planeta, en el mundo real, hay erecciones y penetraciones constantes, deseos reprimidos, violaciones, golpes, despechos que hierven y sangre derramada, por supuesto, en nombre del amor.

En el Cicatriz Club de Bucaramanga, pleno paraíso de la evasión, personas con historias tristes, miserables y mediocres viven desesperadas aventuras cotidianas entre humo de bazuco, líneas de cocaína, alcohol, marihuana, sexo y billetes. Esa es su manera de subsistir. Es lo que saben hacer y lo que hacen bien. Con la enorme responsabilidad de llevar cuerpos irresistibles y ser jóvenes, regalo y maldición al mismo tiempo, los protagonistas se abandonan a un destino que está escrito en sus cuerpos como los tatuajes de Aura María.

PM (Pedro María o Petardo Maricón), un desesperado musculoso que sufre el peso de sus rechazos, busca el amor entre las piernas del negocio de la prostitución. Aura María, la puta más puta, cumple con ser la más trabajadora, ahorra.

En medio del calor, las moscas, las cucarachas y las lagartijas, la vida se arremolina entre las piernas de políticos, periodistas, matones y prostitutas. La rumba y el sexo son la vida y la cotidianidad de quienes no encuentran el placer entre la normalidad y la mojigatería de la gente común, la que no se deja llevar por lo que dicta su cuerpo y se queda sin encontrar las aventuras que los personajes de la novela sí encuentran por vivir su propio cuerpo, por sacarle placer y plata compartiéndolo, como Cristo.

Si se piensa que todos los seres humanos se babean el día entero alucinando con sexo y que, además, pasan mala vida por perseguir una ilusión tan absurda como la buena vida, se puede concluir que las putas no son tan diferentes a la demás gente.

Siendo las prostitutas mujeres despreocupadas, sinceras, prácticas y sabias, es apenas natural que haya hombres románticos que sólo se puedan enamorarse de una. El amor más cursi es el amor imposible, el amor ingenuo que no se puede recibir. En un mundo donde ya nadie cree en esas cosas, el amor, el beso de telenovela, sólo puede uno dárselo a una prostituta encantadora como las del Cicatriz Club.

Vídeo: http://huntertexas.tumblr.com/

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